Este día
comenzábamos nuestra ruta con uno de los high-lights del viaje: Chichén Itzá, probablemente
la zona arqueológica más importante y conocida de la Península de Yucatán.
Habiendo sido
nombrada Patrimonio de la Unesco en 1988 y con la famosa Pirámide del Kukulkán como
una de las nuevas Siete Maravillas del Mundo Moderno, es mundialmente conocida.
Sin embargo, el yacimiento arqueológico esconde mucho más que la famosa pirámide.
En este post intentaremos explicar todo lo que dio de sí nuestra visita, así como los datos prácticos para que tú puedas visitar Chichén Itzá por tu cuenta.
Nuestro día
comenzaba en el hotel Casa San Juan de Valladolid pero, como habíamos leído que
debíamos intentar estar en la entrada de Chichén Itzá a primera hora para
evitar las hordas de turistas que llegan con las excursiones de los operadores
de excursiones (que llegan alrededor de las 9:00-10:00h), no nos demoramos mucho para desayunar, hacer el
check-out y poner rumbo hacia el famoso recinto arqueológico.
Tan sólo 45 km
kilómetros separan Valladolid de la antigua ciudad maya, por lo que llegamos
relativamente rápido por una carretera en buen estado y sin apenas tráfico. Al llegar
allí, en la carretera que conduce al aparcamiento ya había guías haciendo señas
para que paráramos a contratar sus servicios, pero como no sabíamos si eran
guías oficiales, decidimos esperar y ver si podíamos contratarlos en
taquilla. Al llegar al aparcamiento,
dejamos el coche donde nos indicaron, pagamos los 80 pesos reglamentarios y nos
dirigimos a la taquilla del recinto arqueológico.
La verdad es que
pese a llegar temprano, ya había bastante cola para comprar la entrada. El
precio del ticket para extranjeros es de 614 pesos mexicanos. En general, en
todos los recintos arqueológicos, los precios se dividen en 2 partes (a pagar
en taquillas diferentes): una parte para el Instituto Nacional de Antropología
e Historia (INAH) para la que se pagan 90 pesos en este caso, y el resto que va
a parar al gobierno del estado de Yucatán. Habíamos leído que no se podía pagar
con tarjeta, pero han debido modernizar el sistema ya que creo recordar que no
tuvimos problema.
Mientras
estábamos haciendo cola se acercó un chico para ofrecernos una visita guiada y,
aunque teníamos en mente contratar un tour, el precio nos pareció exorbitado (creo
recordar que eran 1’200 pesos). Para abaratar costes, nos propuso unirnos a un
grupo de manera que el precio (que él decía que era fijo para todos los guías
oficiales que allí se encontraban) se repartiera entre el número de componentes
del grupo… entre las dudas de si lo hacíamos, si no, la espera a ver si
encontraba a más gente… al final perdimos un buen rato allí en la entrada, pero
nos juntamos 6 personas y decidimos iniciar la visita que, todo hay que
decirlo, estuvo muy bien.
Visitando Chichén Itzá
Lo primero que
hizo nuestro guía fue ponernos en situación y darnos las primeras nociones en relación
con la cultura maya. Definitivamente necesitábamos una introducción al respecto.
En concreto, la
ciudad de Chichén Itzá fue fundada por los mayas itzaes en el siglo VI y fue dedicada
al dios Kukulkán o la serpiente emplumada. El nombre Chichén Itzá quiere decir “boca
del pozo de los itzaes” en referencia al Cenote Sagrado que allí se encuentra (que
más tarde visitaríamos), el cual se consideraba la entrada al inframundo.
Como en casi
todas las ciudades mayas, aunque sus inicios fueron tranquilos, eventualmente se
crearon conflictos con los pueblos vecinos. Hacia el año 1200 fue conquistada
por los toltecas, cuya cultura contribuyó notablemente a su desarrollo. Sin
embargo, las luchas y guerras provocaron su deriva y progresivo abandono. Para
cuando los españoles llegaron, la ciudad estaba completamente invadida por la
selva.
La visita guiada nos llevó por los siguientes lugares:
Nada más llegar,
te topas con ella, con la Pirámide de Kukulkán (o también llamada
Castillo). Nuestro guía nos estuvo contando todos los detalles de esta pirámide
de escasos 25 metros de altura. El edificio que teníamos delante no era un
simple centro ceremonial, era un calendario, un calendario hecho edificio… prueba del gran conocimiento que tenía la
cultura maya sobre astronomía y arquitectura.
La Pirámide de
Kukulkán cuenta con 4 escalinatas (tantas como estaciones) con 91 escalones
cada una. En total hay 364 escalones que, sumados a la plataforma superior,
representan los 365 días del año. Pero eso no es todo, sus laterales están también
divididos en 9 niveles, 18 si miramos desde la esquina de la pirámide, que representan los 18 meses del calendario civil maya. Además, en
estos niveles podemos ver hasta un total de 52 paneles, que corresponden al
ciclo de 52 años de este calendario.
Pero no solo eso,
los mayas del año 525 d.C. construyeron la pirámide de manera que, durante los equinoccios,
en la escalinata norte se produce un juego de luces y sombras en el que parece proyectarse
el cuerpo serpenteante del dios Kukulkán que, unido a las grandes cabezas
talladas en la base de la escalera, parecer descender a la tierra. Kukulkán fue
el dios más importante de los mayas, tras la influencia tolteca. Se representa
con una serpiente con plumas.
Ya no es posible
subir a la pirámide, por su preservación (al parecer un turista alemán tiempo
atrás trató de llevarse una escultura de la pirámide), pero podemos darle la
vuelta entera para apreciarla desde todos los ángulos y contemplar las partes
no restauradas.
Se sabe también
que bajo la Pirámide que hoy en día vemos, hay otras dos pirámides más pequeñas
y, aunque nosotros no podemos acceder, existe un acceso a la segunda pirámide
desde la cara norte de Kukulkán y allí se encontró un jaguar pintado de rojo,
con incrustaciones de jade y forma de asiento, que se cree que fue utilizado
como trono. También se halló un Chac Mool que actualmente podemos ver en el
Museo Regional de Antropología de Yucatán en Mérida.
Como curiosidad, si damos palmadas frente a la fachada norte, la mejor conservada, podremos escuchar un sonido que, según dicen, se resembla a los cantos de un quetzal, el pájaro sagrado de los mayas.
Tras bordear la
pirámide, nos dirigimos al Grupo de las Mil Columnas, una terraza con
200 columnas, que rodean al Templo de los guerreros. El Templo de los
Guerreros en Chichén Itzá se construyó alrededor del año 1200 y es uno de los
edificios más hermosos y mejor conservados de este sitio. El edificio está compuesto por una base
cuadrada que mide unos 40 m de lado. Tiene cuatro cuerpos, y el templo superior
está dividido en dos salas, con un pórtico de entrada con dos serpientes de
cascabel gigantes, que soportan el dintel. Tiene bajorrelieves en los que se
ven guerreros, águilas y jaguares devorando corazones humanos.
En la entrada al
templo podemos ver un Chac Mool, la escultura de una figura humana recostada,
con las piernas encogidas y la cabeza girada, en cuyo vientre descansa un
recipiente circular o cuadrado. Su descubridor, el arqueólogo Auguste Le
Plongeon, lo encontró en 1875 y lo denominó Chac Mool que quiere decir «jaguar
rojo» en maya yucateco. Se cree que el Chac Mool es una deidad de origen
tolteca y que probablemente representa al dios de la vida tras haber ejercido
sus funciones fecundantes. En Chichén Itzá se han encontrado 7 de estas
figuras.
Seguiríamos nuestro
recorrido hacia el Juego de Pelota, pero antes pasaríamos por los siguientes
templos y estructuras:
La Plataforma
de Venus, una pequeña pirámide cuadrada (de 25 m por lado y 4 m de altura),
en cuyos paneles elevados hay bajorrelieves del planeta Venus, representado con
garras de jaguar emergiendo de las fauces de una serpiente emplumada. Originalmente
la pirámide estaba pintada en colores ocre, azul, rojo, verde y negro. En la
escalera del este se encontró una ofrenda, que consistía en un cráneo de un
hombre decapitado, por lo que se cree que el edificio se usaba para ritos,
ceremonias o bailes.
Y la chocante Plataforma
de los Cráneos o Tzompantli, que es una gran plataforma rectangular de 60
metros de largo por 12 metros de ancho, cuyo detalle más destacable es la
colocación de las calaveras en la decoración en bajorrelieve que da nombre a la
estructura. Este es el monumento que da el testimonio más claro de la práctica
del sacrificio humano, realizado con fines religioso-militares, por los
gobernantes de Chichén Itzá.
En realidad, en
las paredes del Tzompantli se han encontrado cuatro tipos de relieves. Aunque
el tema principal es el cráneo, pues hay más de 500 bajorrelieves de cráneos,
también se han encontrado escenas de sacrificios humanos, águilas comiendo
corazones humanos y guerreros con flechas y escudos.
Aunque podemos
encontrar otros Tzompantli en otros recintos arqueológicos mayas, éste de
Chichén Itzá es uno de los más antiguos que se han encontrado.
Al parecer los
habitantes de Chichén Itzá colgaban las cabezas de sus enemigos sobre largas
vigas de madera frente al templo. Los arqueólogos han encontrado figuras
enterradas de Chaac Mool en el Tzompantli de Chichén Itzá, junto con ofrendas
de cráneos y un anillo roto de la cancha del Juego de Pelota.
Tras esta
plataforma llegamos al Juego de Pelota. Al parecer, el Juego de Pelota
fue más un ritual ceremonial que un deporte y probablemente representó la
recreación simbólica del mítico combate entre la noche y el día.
Hay un fenómeno
acústico singular en el campo de juego de pelota: lo que se dice en el extremo
sur del campo, puede escucharse en el extremo opuesto, ya que el sonido
reverbera a lo largo de las paredes.
Y aunque cada
recinto arqueológico cuenta con uno o incluso dos juegos de la pelota, lo
curioso de éste (de Chichén Itzá) es que se trata del mayor de todos y el mejor
conservado. Son dos enormes paredes paralelas, cada una con un aro de piedra
bien alto, por donde debían acertar los equipos con una pelota de caucho.
Solo ha sido posible
reconstruir parcialmente las reglas del juego de pelota, gracias a
representaciones pictóricas y monumentos de piedra. Sabemos que al inicio del
juego la pelota se lanzaba a la cancha con la mano, y que a partir de ese
momento solo se podía tocar con las caderas y los muslos. No sabemos el número
de jugadores, el sistema de puntuación o cómo se decidía el ganador.
Se cree que los
juegos terminaban en decapitaciones (no se sabe si del perdedor o ganador). Los
relieves de Chichén Itzá muestran claramente estas prácticas.
En el extremo
norte del Juego de Pelota se levanta el Templo del Barbado, donde se
solían sentar los gobernantes y altos cargos a observar los partidos.
Acabamos nuestra
visita guiada descubriendo la Plataforma de las Águilas y los Jaguares,
otra pequeña plataforma con cuatro escaleras, que se construyó entre los años
900 y 1200 d.C. Los paneles de esta estructura muestran imágenes en relación con
el curso del sol a través del cielo durante el día y su descenso al inframundo
por la noche, como “Sol de la Tierra”. Se cree que las figuras de jaguares y
águilas devoradoras de corazones representan a los guerreros que se encargaban
de obtener víctimas para sacrificarlas a los dioses.
Entre ellos se
encontraban los "Caballeros Águila" que eran los arqueros que
atacaron al enemigo antes de que todos los demás soldados lucharan cuerpo a
cuerpo. Vestían ropa de plumas del ave que les dio nombre. Pero también los
"Caballeros Jaguar" que eran los miembros más feroces del ejército, luchando
cuerpo a cuerpo, con garrotes de madera rematados con cuchillos de obsidiana.
Se cubrieron con armaduras hechas con pieles de jaguar y también cascos de
cabezas de jaguar.
Es probable que la plataforma se utilizara con fines religiosos y ceremoniales.
Tras la visita guiada
(que nos gustó mucho), quisimos recorrer por nuestra cuenta los lugares que no
habíamos visto:
Nos acercamos de nuevo al Templo de Venus para caminar desde allí los 350 metros de sendero, que nos llevarían, tras atravesar las murallas de la ciudad, hasta el Cenote Sagrado.
En su interior se encontraron cantidad de objetos u ofrendas hechas a los dioses, pero también restos humanos, ya que aquí es donde tiraban los cuerpos de los sacrificios humanos de aquellas personas que no pertenecían a la ciudad y nadie reclamaba (esclavos o guerreros enemigos).
Al parecer la recuperación de estos tesoros no fue muy convencional. Muchos de ellos fueron extraídos ilegalmente y trasladados a EE.UU. El gobierno mexicano denunció el expolio y finalmente consiguió recuperar gran parte de las piezas. A día de hoy, se han encontrado más de 200 cuerpos, joyas, cerámicas y piezas de oro como parte de los hallazgos arqueológicos del cenote. El Cenote Sagrado es uno de los cenotes que más tributos y sacrificios ha albergado.
Hoy en día el Cenote es un gran agujero en la tierra con un agua de color verde intenso, no apto para el nado. Se caracteriza por tener mucha vegetación bajo el agua.
Regresamos de
nuevo al centro del parque arqueológico, para dirigirnos hacia el último gran
conjunto, el Conjunto del Sur.
Lo primero que encontramos fue la Tumba del Sacerdote (o el Osario), una pirámide de nueve bloques escalonados y con una escalera en cada uno de los cuatro lados. El Osario es uno de los edificios más complejos del sitio. Está construido sobre una profunda cueva (que pudiera ser considerada como una puerta al inframundo), a la que se puede descender desde una abertura hecha en el piso del templo de arriba. A la entrada de la caverna se encontraron siete tumbas con ofrendas de jade, cristal de roca, conchas y cobre.
La pirámide fue
diseñada para el registro solar. Su orientación, a 17 grados del norte, permite
predecir los ciclos agrícolas a través del paso cenital del sol del 23 de mayo (el
inicio de la temporada de lluvias en esta latitud) al 19 de junio.
El aspecto más
notable del osario es su decoración, pues está repleta de bajorrelieves de
serpientes, hombres-pájaro, hombres con máscaras de dioses e incluso incisiones
de 894 AC.
Tras ella, la Casa
del Venado, también conocida como el Templo del Ciervo, una construcción
que actualmente está muy destruida. El nombre del templo, según la tradición,
proviene de una pintura de un ciervo en su interior que, con el paso del
tiempo, se ha perdido.
El Chinchanchob en Chichén Itzá es el mayor y mejor conservado de los cuatro edificios que rodean la plaza principal. Chichanchob se traduce como "pequeños agujeros" en Maya. El nombre se debe a los pequeños agujeros en su fachada. También se le conoce comúnmente como Casa Colorada o Casa Roja, debido a una franja pintada en rojo en el interior del vestíbulo.
Continuando con
la ruta llegamos a una enorme explanada de hierba desde donde podemos contemplar
lo que es considerado como la estrella de Chichén Itzá: el Observatorio,
el lugar donde se estudiaba el comportamiento de los astros y donde se
consultaba la toma de importantes decisiones.
El llamado
Caracol u Observatorio es una torre circular asentada sobre una plataforma. La
base se asienta a su vez sobre otra plataforma rectangular, decorada con una
cornisa de ángulos redondeados en la parte superior. En realidad, el Caracol
está constituido por tres edificios superpuestos.
Se cree que este
edificio, una de las pocas estructuras circulares construidas por los mayas, se
utilizó para observaciones astronómicas, a través de aberturas en la parte
superior de la torre.
La Iglesia
es un Templo dedicado a Chaac, dios de la lluvia. El edificio se encuentra en
la parte más antigua de todo el sitio arqueológico de Chichén Itzá. Consta de
una sola cámara y una puerta que da acceso a la parte principal del edificio.
Es similar a una capilla rectangular, por eso los españoles la bautizaron como “La
Iglesia”.
Por último, el Conjunto
de Las Monjas. Aquí podemos observar los relieves mejor conservados de todo
el recinto y un conjunto de edificios bastante peculiares y diferentes. El
nombre se lo dieron los españoles que cuando lo vieron por primera vez creyeron
que era claustro para la formación de sacerdotisas, aunque en realidad se
trataba de unos palacios donde vivía la realeza maya. Este es uno de los
conjuntos arquitectónicos más imponentes de Chichén Itzá.
Cuando terminamos
la visita, incluidas algunas paradas de rigor en los puestecillos de souvenirs
que inundan la ciudad, nos dirigimos hacia la salida. En total le dedicamos a
la visita alrededor de 4 o 4,5 horas.
Cenote Ik-Kil
Al salir de
Chichén Itzá decidimos ir a ver el cenote Ik-Kil. Está prácticamente al lado
del recinto arqueológico, a tan solo 4 kilómetros de distancia, así que, aunque
es muy turístico decidimos ir a refrescarnos un poco tras la visita de Chichén
Itzá y bañarnos allí.
Se trata de un
cenote situado a 26 metros bajo tierra, con un diámetro de 60 metros y rodeado
por unas impresionantes paredes de roca cubiertas de vegetación. Es posible
nadar e incluso saltar al agua desde una zona habilitada.
Nosotras
estuvimos un ratito allí dándonos un baño, refrescándonos y aprovechamos para comer
en el restaurante del cenote, pero no tardamos mucho en irnos. Todavía nos quedaba
mucho día por delante…
Espectáculo nocturno de Chichén Itzá
Por último,
aunque nosotras no lo hicimos ya que no estábamos allí por la noche, se puede realizar
una visita a Chichén Itzá de noche, con ocasión de un espectáculo de luces
llamado Las Noches de Kukulkán. Se proyecta un video mapping en el que te
explican la historia de Chichén Itzá y se hace un recorrido por la zona
arqueológica iluminada con luces de colores (imagino que similar a lo que más
tarde realizamos en Uxmal).
Se puede comprar la
entrada en la página oficial, pero hay que tener en cuenta que no hay autobuses
de regreso a esas horas. El horario de este espectáculo nocturno suele ser
sobre las 19:00h o 20:00h, dependiendo de la época del año, y se realiza todos
los días de la semana excepto el lunes.
![]() | ![]() | ![]() |
No hay comentarios:
Publicar un comentario