Después de visitar Zaanse Schans y comer allí pusimos rumbo hacia la famosa Comarca de Waterland, donde se encuentran las conocidas poblaciones de Edam, Voledam y Marken, entre otras menos conocidas (que también merecen la pena). Esta región Holandesa no está muy lejos de Amsterdam y son lugares bastante recomendables para visitar desde la capital.
Nosotras continuábamos la ruta que habíamos comenzado temprano por la mañana, ahora ya, después de comer.
Edam
Nuestra primera parada fue en esta ciudad que debe su fama principalmente a sus quesos. De hecho los miércoles por la mañana (entre las 10:30 h y las 12:30 h) entre julio y agosto, tiene lugar allí un mercado de queso bastante conocido (donde no sólo se vende el autóctono).
Aún podremos ver los almacenes de queso (que datan del siglo XVIII) a orillas de un pintoresco canal, aunque la historia de Edam se remonta a años atrás y a mayores logros que únicamente sus quesos.
La zona entorno al río Ye comenzó a poblarse en el siglo XII; así nació 'Yedam'. Con los años la ciudad fue prosperando, hasta que, en el siglo XVII, Edam comenzó a ser conocida por sus astilleros; la construcción naval comenzó a adquirir importancia, siendo el “Halve Maan” (Half Moon), el barco más conocido de los que allí se construyeron. Con él, el inglés Henry Hudson cruzó el Atlántico en 1609 buscando una nueva ruta por el norte hacia las Indias, que acabó en Manhattan.
De esta forma también comenzó a coger fuerza el comercio, que contribuyó al desarrollo de la ciudad y con los años se empezó a elaborar el famoso queso de bola, que se ha convertido en el símbolo y seña de identidad de Edam.
La ciudad es pequeñita, pero a mí me pareció encantadora. Es un pueblo que conserva la arquitectura del siglo XVII, por el que resulta un placer dejarte llevar y pasear sin rumbo fijo, cruzando sus canales y admirando sus coquetas viviendas.
Cuenta con algunos lugares y/o monumentos destacables como las casas que encontraremos en la calle “Schepenmakersdijk”, la torre inclinada del Carillon (del año 1561), la plaza Dam donde se halla el museo de la ciudad con una curiosa bodega flotante y el ayuntamiento y, algo más alejada del centro de la población, la “Grote Kerk” (o gran iglesia), una de las más grandes de Holanda. De ella destacan las coloridas vidrieras del siglo XVII.
He de decir que pese a que Edam tiene peor fama que Volendam, a mí me gustó mucho más. Una ciudad sumamente tranquila, por la que apenas paseaban turistas (ni gente en general) y con rincones realmente bonitos.
Una vez la recorrimos, continuamos nuestra ruta acercándonos al contiguo Volendam.
Volendam
Había leído que Volendam era un antiguo pueblo pesquero a orillas del lago IJssel (IJsselmeer) con bonitas casitas rodeando el puerto pesquero, donde (supuestamente) es habitual ver a la gente vestida con trajes tradicionales.
Pues nada más llegar al pueblo ya me sorprendió… de pueblo nada, ciudad y ciudad grandecica además. Eso sí, el casco antiguo está muy bien delimitado de la parte nueva.
Echamos a andar sin rumbo fijo… siguiendo la estela de la gente que marchaba delante de nosotras y, como no podía ser menos, acabamos en el puerto. Aquello era totalmente distinto a la idea que yo me había hecho en mi cabeza… una calle paralela al mar, llena de restaurantes, pubs y a tope de gente joven, dándole a la bebida y de fiesta.
Estuvimos dando un paseo por allí, mirando lo animado que estaba el ambiente del pueblo. Llegamos hasta el Museo del Pueblo (Volendam Museum), que ahonda en su historia y tradiciones locales, que nosotras no visitamos y dejamos atrás la zona para intentar callejear un poco por otras áreas con algo más de encanto. Haberlas, las hay, por ejemplo en la zona conocida como Doolhof (que significa “laberinto”), y por allí pudimos caminar entre las típicas casitas de madera junto a canales, pero personalmente no fue un sitio que me entusiasmara especialmente.
En nuestro caminar vimos un par de iglesias: la capilla de Nuestra Señora del Agua situada en uno de los parques de la ciudad y la Sint Vincentiuskerk o Iglesia de San Vicente situada en Kerkepad.
Cuando acabamos de pasear por allí, regresamos al coche para dirigirnos a la siguiente población.
Monnickendam
El único legado de aquella fecha es la conocida como Torre Speel, que acoge el museo de la ciudad y se encuentra hoy en día junto a la casa de pesaje, denominada Waaghuis.
También allí encontramos la Iglesia de San Nicolás y un curioso puente levadizo de madera que cruza el puerto.
El pueblo es pequeño, minúsculo, pero muy bonito y fotogénico.
Broek in Waterland
Tras recorrer Monnickendam, que se visita muy rápido, nos acercamos a otra de las poblaciones de la zona, Broek in Waterland, pero ésta sí que es pequeña, pequeña… Un pueblecito del siglo XVII, o mejor dicho, casas sueltas en mitad del campo… Puedo decir que ni siquiera bajamos del coche…
Marken
Y ya al final de la ruta, el que yo considero el más bonito (junto con Edam) de todos los pueblos que visitamos de la comarca. Marken quedó separada de tierra firme tras una serie de tormentas que tuvieron lugar en el siglo XIII. Tras ello la comunidad vivió aislada en el islote durante unos cuantos siglos, centrando su actividad principal en la pesca. Ese aislamiento hizo que Marken desarrollara su propio idioma (el Markens) y que conservara además sus vestimentas típicas. En el año 1957 se construyó un dique que volvió a unirla con el continente.
En el pasado eran habituales las inundaciones y debido a ello las casas se construían sobre pilastras. Hoy en día, gracias a los avances en la ingeniería holandesa y a sus diques, estas construcciones han quedado en desuso, aunque aún se pueden ver en algunas edificaciones.
Al llegar, dejamos el coche en el parking que hay justo en la entrada a la isla (¡vamos! Es que no es posible continuar con el coche a ningún otro lugar) y echamos a andar para visitarlo. Al otro lado del parking, justo en la entrada a Marken, había una fábrica de zuecos repleta de turistas; nosotras omitimos la tienda y nos dedicamos a pasear por las calles del pueblecito que con sus casas típicas de madera pintada, muchas de ellas del siglo XV, y con esos bonitos puentes sobre los canales, parecía sacado de un cuento.
El puerto (Havenbuurt) era el lugar donde más gente se concentraba (aunque tampoco había mucha) alrededor de unos cuantos restaurantes y bares.
El pueblo también cuenta con un museo, el Marken Museum, en el 44 de Kerkbuurt, que se ha montado en cuatro antiguas casas de pescadores, en las que antiguamente se ahumaba el arenque y la anguila, que se han unido para darnos a conocer con más detalle la historia de esta isla.
Nos hubiéramos sentado a tomar algo en alguno de los restaurantes del puerto, pero la verdad es que hacía algo de fresco, así que decidimos seguir la ruta pues aún podíamos exprimir un poco más el día… Pero eso os lo contaré la próxima semana.
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Le tengo muchas ganas a todos esos pueblecitos, de Holanda solo conozco la capital a la que daré una segunda oportunidad porque fui poco tiempo y encima no me enamoró, así que tengo que volver y aprovecharé para recorrer los pueblos cercanos. Preciosas fotos, dan ganas de irse para allá. Un abrazo
ResponderEliminarHola Calíope,
EliminarAlgunos de ellos son preciosos. A mi me gustaron mucho Edam, Monnickendam y Marken... desde luego, si se va a Amsterdam (y se tiene tiempo) merecen una visita.
Un saludote
Genial! Gracias por vuestros consejos! En un par de meses vamos a Amsterdam y seguro q nos son muy útiles! www.explorandosinrumbofijo.com
ResponderEliminar¡Hola Azahara!
EliminarPues que vaya genial el viaje!! Ya iré leyendo vuestros relatos!